Cuando la caridad se hace casa…
Lo que comenzó como un proyecto de Cáritas Parroquial de San José Obrero para construir un baño adaptado para una mamá diagnosticada con ELA (con Esclerosis Lateral Amiotrófica), terminó convirtiéndose en mucho más. La generosidad de muchísimas personas fue haciendo crecer el proyecto. Se construyó una cocina-comedor y se acondicionaron las dos habitaciones de la vivienda.
Desde Cáritas Parroquial nos propusimos acompañar a esta familia y destinar a ese fin todo lo recaudado en la Colecta Anual de Cáritas 2025. Pero Dios, una vez más, tenía planes más grandes.
La culminación de esta obra fue celebrada con un emotivo encuentro de oración y acción de gracias junto a la familia, este sábado 6 de junio, en el marco de la Colecta Anual de Cáritas 2026. Compartieron este momento miembros de la comunidad parroquial y nuestro obispo diocesano, Mons. Juan Ignacio Liébana, quien bendijo el nuevo hogar, poniéndolo bajo la protección de Dios, y elevó una oración de agradecimiento por tantas manos generosas que hicieron posible este sueño.
La jornada concluyó con un fraterno momento de celebración, compartido con alegría junto a Mons. Juan Ignacio en el día de su cumpleaños, dando gracias a Dios por los frutos de la caridad y el compromiso solidario de toda la comunidad.
Queremos agradecer especialmente a la Iglesia Catedral Nuestra Señora de la Merced y a la Parroquia Nuestra Señora de Luján; a Mons. José María Baliña y al P. Lisandro Rodríguez, junto a sus comunidades, que decidieron destinar a esta obra lo recaudado en la Colecta de Cáritas 2025; al Arq. José Redruello y a su familia, por su ayuda en los inicios del proyecto; al P. Martín García Aguirre de Bs.As., por su colaboración generosa, a la Arq. Rosario Placenave, quien diseñó y dirigió el proyecto ad honorem, y también al jefe de familia, que colaboró activamente aportando su propia mano de obra durante el desarrollo de la construcción.
La inversión total en materiales fue de aproximadamente 18 millones de pesos, una cifra que habla de la magnitud de la obra, pero que no alcanza a expresar la magnitud del amor que hubo detrás.
Porque detrás de cada ladrillo hubo una persona que decidió ayudar. Detrás de cada bolsa de cemento hubo una comunidad que creyó que valía la pena tender una mano. Y detrás de esta casa terminada hay una familia que hoy puede mirar el futuro con un poco más de tranquilidad y esperanza. Gracias a todos los que colaboraron.
Hoy podemos ver, una vez más, que la caridad no es una idea ni una palabra bonita. La caridad tiene rostro, tiene manos y, a veces, tiene paredes, techo y hogar.
Que Dios bendiga abundantemente a cada uno de ustedes y les devuelva el ciento por uno por todo el bien realizado.
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