Después de 54 años, una misión tripulada volvió a partir rumbo al satélite terrestre. Lleva cuatro astronautas, hará un sobrevuelo histórico y reabre la carrera lunar.
02 de abril de 2026
La misión espacial Artemis II ya puso a la humanidad otra vez en modo Luna, pero en Argentina hay un motivo extra para seguir cada minuto del viaje: a bordo también va ATENEA, un nanosatélite con participación clave de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). El proyecto se convirtió en una de las apuestas tecnológicas más importantes del país en el nuevo capítulo de la carrera espacial.
El lanzamiento está previsto desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, a bordo del poderoso cohete SLS y la cápsula Orion, en la primera misión tripulada del programa Artemis. Según la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio, mejor conocida como NASA por sus siglas en ingles, el vuelo tendrá una duración cercana a los 10 días y llevará a cuatro astronautas alrededor de la Luna, en lo que será el regreso de seres humanos al espacio profundo después de más de medio siglo.
En ese contexto histórico, ATENEA aparece como una de las piezas más simbólicas para la ciencia argentina. Se trata de un CubeSat 12U, de unos 30 por 20 por 20 centímetros, diseñado para probar tecnologías que serán clave en futuras misiones más allá de la órbita baja terrestre. Su presencia en Artemis II no sólo representa un logro académico: también ubica a la UNLP en una vidriera internacional de altísimo nivel.
El satélite fue desarrollado con participación de la Facultad de Ingeniería de la UNLP, a través del Centro Tecnológico Aeroespacial (CTA), junto a otros organismos e instituciones del sistema científico nacional. Entre ellas aparecen la CONAE, la UNSAM, la FIUBA, el Instituto Argentino de Radioastronomía, la CNEA y la empresa VENG S.A., en un esquema colaborativo que le dio músculo al proyecto.
Desde La Plata, la expectativa se vive con intensidad. “Para nosotros es un orgullo que la Universidad Nacional de La Plata forme parte de este hito”, señaló Marcos Actis, decano de Ingeniería y director del CTA. En la misma línea, el ingeniero Facundo Pasquevich, ya instalado en Estados Unidos, remarcó que ver a ATENEA listo para integrarse a Artemis II “es el resultado de años de trabajo colectivo” y una prueba concreta de que en Argentina se puede desarrollar tecnología de alcance internacional.
Una vez separada la nave Orion, ATENEA será uno de los primeros satélites en ser liberados para comenzar su propia misión. Allí deberá medir niveles de radiación en órbitas altas, reunir datos de navegación satelital (GNSS), validar enlaces de comunicación de largo alcance y poner a prueba componentes pensados para operar en condiciones extremas, muy lejos de la Tierra. Ese tipo de información será vital para diseñar futuras misiones al espacio profundo.
Mientras la tripulación integrada por Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen se prepara para sobrevolar la cara oculta de la Luna y regresar al planeta, ATENEA ya se ganó un lugar propio en la historia. Porque más allá del impacto global de Artemis II, para la ciencia argentina hay una certeza: esta vez, en el regreso de la humanidad a la órbita lunar, también habrá una huella hecha en La Plata.
ESCRIBE AQUI