¿Cruzar en amarillo es multa? Qué dice la ley y cómo funcionan las fotomultas en la Ciudad

En la Ciudad de Buenos Aires, pasar un semáforo en amarillo no siempre constituye una infracción. La clave está en el momento exacto del cruce, el cambio a rojo y las condiciones de seguridad. Qué permite la ley, cuándo hay sanción y cómo defenderse ante una multa.

19 de enero de 2026

Cruzar un semáforo en amarillo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no implica automáticamente una multa, aunque sigue siendo una maniobra que exige máxima precaución. El criterio legal central es claro: no hay infracción si el conductor inicia el cruce antes de que la luz roja esté encendida y completa la maniobra sin generar riesgos u obstrucciones.

Así lo establece el Código de Tránsito y Transporte de CABA, que define a la luz amarilla como una señal preventiva, destinada a advertir que el rojo es inminente. Ante su encendido, el conductor debe detenerse antes de la intersección, salvo en dos situaciones puntuales:

  • cuando ya comenzó a cruzar,

  • o cuando frenar de manera brusca podría provocar una colisión.

Esta interpretación se apoya en el principio de precaución, que obliga a mantener el dominio del vehículo y evitar maniobras intempestivas.

Amarillo fijo y amarillo intermitente: no son lo mismo

La normativa distingue dos tipos de señal amarilla:

  • Amarillo fijo: obliga a detenerse, excepto si el cruce ya fue iniciado o si frenar implica un riesgo concreto.

  • Amarillo intermitente: exige reducir la velocidad y extremar la atención, sin obligación de detenerse.

La confusión entre ambos es una de las principales causas de reclamos y descargos administrativos.

Cuándo el cruce sí se convierte en infracción

El cruce pasa a ser sancionable cuando el vehículo supera la línea de detención con la luz roja ya encendida. Si el auto aún no ingresó a la intersección antes del cambio, la multa se configura.

Además, hay conductas asociadas que también son infracciones:

  • quedar detenido dentro de la bocacalle y obstruir la intersección,

  • frenar o detenerse sobre la senda peatonal, lo que agrava la falta por poner en riesgo al peatón.

Existen, no obstante, situaciones excepcionales —como la cercanía de un vehículo detrás, fallas en la señalización o emergencias debidamente acreditadas— que pueden ser evaluadas caso por caso por la autoridad administrativa.

Cómo funcionan las fotomultas por semáforo

En la Ciudad de Buenos Aires, las cámaras de fiscalización electrónica no multan por pasar en amarillo. El sistema PhotoRED se activa solo cuando el semáforo está en rojo y registra la infracción si el vehículo cruza la línea de detención con esa señal encendida.

Para validar la multa, el sistema recopila varias imágenes y, en algunos casos, una secuencia de video. Cada caso es revisado por un inspector, que verifica la infracción y descarta situaciones justificadas, como el paso de ambulancias o móviles de emergencia.

El tiempo del amarillo varía entre tres y cinco segundos, aunque en avenidas anchas puede extenderse hasta seis segundos. Este margen técnico —conocido como zona de dilema— obliga al conductor a decidir en pocos segundos si frena o avanza, según velocidad, distancia y condiciones del cruce. En esquinas de gran porte, incluso puede existir un breve lapso de “todo rojo” para despejar la intersección antes de habilitar el tránsito transversal.

Multas, montos y pérdida de puntos

En 2026, la multa mínima por cruzar un semáforo en rojo es de 300 Unidades Fijas (UF), equivalentes a $242.169, y puede escalar hasta 1.500 UF ($1.210.845) en casos de reincidencia o maniobras agravadas. El pago voluntario permite una reducción del 50% sobre el monto base.

A esto se suma la quita de cinco puntos en el sistema de scoring de CABA. Al alcanzar los 20 puntos perdidos, el conductor queda inhabilitado temporalmente para manejar. Parte del puntaje puede recuperarse mediante cursos online, y el total tras dos años sin infracciones.

Descargos y defensa administrativa

El sistema permite realizar descargos por vía web o mediante audiencia virtual. El automovilista puede alegar, por ejemplo, que frenar implicaba un riesgo de choque, que existieron fallas en la señalización o que el tiempo del amarillo fue insuficiente.

Eso sí: presentar descargo implica renunciar al descuento por pago voluntario, aunque abre la posibilidad de que la multa sea anulada si se prueba un motivo válido. También pueden impugnarse infracciones por errores en la identificación del vehículo o defectos en las imágenes.

Consecuencias civiles y responsabilidad

Más allá de la multa, cruzar en amarillo puede tener implicancias civiles en caso de un accidente. En un litigio, avanzar sin certeza de completar el cruce antes del rojo puede interpretarse como conducta negligente. Para choferes de colectivos y taxis, la exigencia de cuidado es mayor y las sanciones pueden ser agravadas.

Conclusión: el amarillo no es una carrera contra el reloj. Entenderlo como una señal de preparación —y no de apuro— reduce riesgos, evita sanciones y mejora la convivencia vial. A veces frenar es la decisión más barata… y la más inteligente.

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