Mientras Axel Kicillof gana proyección nacional, el kirchnerismo, el massismo y los gobernadores del interior mueven sus fichas con estrategias propias, en un escenario atravesado por el desgaste del gobierno de Javier Milei y la necesidad de articular una alternativa competitiva hacia 2027.
16 de abril de 2026
El peronismo parece haber encontrado, en la debilidad del oficialismo nacional, una oportunidad que hace apenas meses no tenía: ordenar su propia interna sin necesidad de saldarla. Nadie resolvió las diferencias de fondo, pero casi todos coinciden en algo más urgente: sostener una alternativa competitiva frente al gobierno de Javier Milei.
En ese marco, la figura de Axel Kicillof se consolida como eje ordenador, aunque todavía lejos de ser un punto de síntesis definitivo. Su crecimiento no es casual: combina gestión en un contexto adverso, presencia territorial y una estrategia de proyección internacional que lo posiciona como referencia opositora.
El viaje del gobernador bonaerense a Europa, con agenda en España y participación en foros progresistas, no es un hecho aislado. Forma parte de un intento deliberado por mostrarse como una alternativa con volumen internacional, en contraste con el alineamiento del gobierno nacional.
La estrategia tiene dos capas. Por un lado, la búsqueda de financiamiento e inversiones para la provincia de Buenos Aires. Por otro, la construcción de un perfil político que lo ubique como la contracara del modelo libertario.
En paralelo, su conducción del PJ bonaerense refuerza ese posicionamiento. Con el respaldo de Máximo Kirchner en el armado partidario —aunque con tensiones latentes—, Kicillof logró algo que el peronismo no tenía: una estructura relativamente ordenada en su principal distrito electoral.
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