Foto con Lula, guiños de Petro y un mensaje directo contra Milei: Kicillof acelera su construcción presidencial

El gobernador bonaerense se mostró con líderes progresistas en España, cuestionó el rumbo económico libertario, sumó respaldos internacionales y reforzó su perfil opositor, mientras deja señales hacia la interna peronista en la discusión por 2027.

Axel Kicillof vuelve de España con una postal que en su entorno leen en clave doméstica: foto con Luiz Inácio Lula da Silva, agenda compartida con líderes progresistas y una batería de críticas al modelo económico de Javier Milei que lo posicionan como referencia opositora en un tablero peronista todavía en ebullición.

Proyección internacional con impacto local

El gobernador bonaerense participó en Barcelona de la Movilización Global Progresista, un foro que reunió a figuras como Pedro Sánchez, Claudia Sheinbaum, Gustavo Petro y Yamandú Orsi, con el objetivo explícito de coordinar respuestas frente al avance de la ultraderecha.

En ese escenario, Kicillof buscó inscribir la discusión argentina en un marco global. “Las políticas de Milei no están funcionando: son un fracaso y están destruyendo nuestro aparato productivo, los salarios, la educación y la salud”, lanzó durante uno de los paneles.

El tono no fue aislado. En línea con otros mandatarios, sostuvo que “tenemos que mostrar que hay otro camino que no es el de la guerra, la crueldad y el abandono”, y rechazó la idea de que el rumbo libertario esté generando estabilidad.

El encuentro con Lula fue uno de los momentos centrales de la gira. Ambos analizaron la situación regional y coincidieron en la necesidad de fortalecer la cooperación entre Argentina y Brasil. Según trascendió, el presidente brasileño se mostró especialmente atento al impacto económico del modelo libertario y preocupado por sus consecuencias a mediano plazo.

Críticas al modelo libertario y guiños electorales

El paso de Kicillof por España también incluyó reuniones con la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo Yolanda Díaz, empresarios con inversiones en Argentina y referentes como José Luis Rodríguez Zapatero y Elly Schlein.

En esos encuentros, el mandatario bonaerense reforzó su diagnóstico: “Milei es parte de la Internacional de ultraderecha que tiene unos discursos, métodos y formatos que aplican. Es un caso extremo porque además tiene absurdas económicas”.

En declaraciones radiales, profundizó esa línea: “La gente está viviendo muy mal. En los dos años de Milei se han perdido 270.000 puestos de trabajo, han cerrado 22.000 empresas. Todo lo que andaba mal, empeoró. Lo que andaba bien, lo está rompiendo”. También cuestionó el superávit fiscal: “Qué precio va a subir si nadie puede comprar, las cosas funden”.

El contexto internacional jugó a favor de su posicionamiento. Desde la comitiva —que atravesó un episodio inesperado con la intervención de urgencia del ministro de Gobierno, Carlos Bianco, tras un cuadro de apendicitis— destacaron el nivel de conocimiento que había en Europa sobre la situación argentina y el perfil de Milei. “Comprobamos que Milei es una de las caras de la ultraderecha a nivel internacional, a la que aquí buscan derrotar definitivamente”, aseguraban.

En paralelo, comenzaron a aparecer señales políticas más explícitas. Petro afirmó tras un encuentro bilateral que Kicillof “posiblemente será presidente de Argentina para sacarla de su colapso” y remarcó que “la unidad del progresismo argentino es fundamental para el mundo”.

“Desde que uno de los líderes más extremos de la ultraderecha gobierna la Argentina, se intentó instalar que sus políticas han generado estabilidad económica, inversiones e inserción internacional, pero la realidad demuestra todo lo contrario”, insistió.

Incluso en Barcelona, militantes lo recibieron con cánticos de “Axel presidente”, aunque el gobernador evitó definiciones: “No voy a forzar una candidatura y provocar una ruptura total del peronismo”.

Interna peronista y diferenciación con la Nación

La gira también dejó señales hacia adentro del peronismo. Mientras Kicillof acumulaba respaldo internacional, el kirchnerismo duro llevó a Barcelona la consigna “Cristina Libre”, con apoyo de dirigentes como Lula y Sheinbaum, en medio de la disputa interna por el liderazgo opositor.

El viaje funcionó además como un contraste buscado con la Casa Rosada. Según explicó la ministra de Comunicación bonaerense, Jésica Rey, Kicillof y su comitiva viajaron en vuelo comercial y pagaron los pasajes de su bolsillo. El gesto apuntó directamente a diferenciarse de la polémica que envuelve al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, por el uso de recursos en viajes al exterior.

Desde el gobierno provincial señalaron que las críticas en redes sobre el costo del viaje formaron parte de una campaña de desinformación. Los viáticos restantes habrían sido cubiertos por el Consejo Federal de Inversiones, aunque no se difundieron detalles de la estadía.

En ese marco, Kicillof aprovechó cada intervención para reforzar su perfil. “En Argentina hay que articular una construcción  política. Tenemos realidades distintas y todos tienen que verse representados. La candidatura viene después de eso”, planteó. Y agregó: “Estaré donde tenga que estar, pero en base a algo más amplio que un deseo personal”.

La cumbre dejó una foto final alineada con ese discurso. Pedro Sánchez advirtió que “no hay que dar la democracia por sentada” y llamó a la unidad progresista frente a líderes como Donald Trump, mientras Lula sostuvo que “la extrema derecha avanza a nivel global, pero los pueblos también se organizan para defender la democracia y la justicia social”.

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