Vecinos aseguran que el conductor de una camioneta circulaba de manera imprudente cuando atropelló a un perro del barrio. Le reclamaron que asistiera al animal, pero, según los testimonios, respondió con indiferencia y abandonó el lugar.
28 de julio de 2026
CHASCOMÚS – Un lamentable episodio ocurrido el pasado fin de semana en Barrio Parque Girado generó un fuerte malestar entre los vecinos, quienes decidieron hacer pública la situación y solicitaron a La Revista Digital que difundiera lo sucedido.
De acuerdo con los testimonios recogidos por este medio, una camioneta, conducida por un joven que viajaba acompañado por una mujer, circulaba a una velocidad considerada imprudente cuando atropelló a un perro del barrio.
El hecho ocurrió en la intersección de Las Nazarenas y el Camino de Circunvalación, un sector muy transitado por vecinos, turistas y familias, especialmente durante los fines de semana y los días de buen tiempo, cuando numerosos niños suelen jugar en las inmediaciones.
Según relataron los testigos, el fuerte impacto hizo que varios vecinos salieran de sus viviendas. Al advertir lo ocurrido, le pidieron al conductor que descendiera para asistir al animal.

Sin embargo, siempre de acuerdo con los testimonios, el hombre respondió con una frase que provocó aún más indignación: «Después de todo, es un perro», para luego retirarse rápidamente del lugar sin brindar ningún tipo de ayuda.
El episodio generó un profundo rechazo entre quienes presenciaron la escena, no solo por la forma en que se produjo el atropello, sino también por la actitud que, según los vecinos, mostró el conductor tras el hecho.
Acerca del hecho…
Hay actitudes que trascienden una infracción de tránsito. Manejar a alta velocidad o de manera imprudente en un barrio donde los fines de semana conviven vecinos, niños, ciclistas, turistas y mascotas no es una simple imprudencia: es poner en riesgo la vida de los demás.
Un volante exige responsabilidad. Cada vez que alguien acelera donde debería reducir la velocidad, no solo desafía las normas, sino también el derecho de otros a disfrutar de un espacio público con tranquilidad y seguridad.
Pero si el atropello ya resulta doloroso, la indiferencia posterior duele aún más. Un perro también siente, sufre y forma parte de la vida de muchas familias. Responder con un despectivo «Después de todo, es un perro», según relataron los testigos, refleja una preocupante falta de empatía.
La manera en que tratamos a los animales habla mucho de la sociedad que somos. Un gesto de humanidad no cambia lo ocurrido, pero sí demuestra respeto por la vida.
Ojalá este episodio sirva para reflexionar. Reducir la velocidad no solo evita multas: puede evitar una tragedia. La próxima víctima podría no ser una mascota, sino un niño cruzando la calle, un ciclista o un vecino que simplemente salió a caminar. La responsabilidad al volante no es una opción; es una obligación moral y legal.