El colapso de una laguna de infiltración provocó un socavón bajo la Ruta 11 y obligó a cortar uno de los accesos principales a la ciudad. El episodio volvió a poner en evidencia la fragilidad de la infraestructura y la falta de controles.
16 de enero de 2026
PINAMAR – La aparición de un socavón de gran magnitud en el acceso a Pinamar, entre la ciudad y Ostende, encendió nuevamente las alarmas en plena temporada de verano y dejó al descubierto fallas estructurales que no son nuevas. El episodio se originó tras el colapso del terraplén de contención de una laguna de infiltración, una obra clave para el drenaje pluvial.
Aunque se trataba de agua tratada, la presión liberada tras la ruptura arrastró barro, arena, ramas y sedimentos, socavando el terreno bajo la Ruta 11 y forzando el corte total del tránsito en un punto estratégico del partido.
El impacto fue inmediato y evitable. Durante horas, el ingreso a Pinamar quedó seriamente comprometido y la circulación debió desviarse por la vieja Interbalnearia desde Valeria del Mar, una situación que se extendió incluso al día siguiente. Todo esto ocurrió en uno de los momentos de mayor afluencia turística del año, con demoras, caos vial y malestar generalizado entre residentes y visitantes.
La falla también tuvo consecuencias económicas. Un supermercado ubicado en las inmediaciones debió cerrar durante toda una jornada luego de que el agua y el barro ingresaran al playón y al interior del local. Empleados realizaron tareas de limpieza contrarreloj mientras se evaluaban daños y posibles pérdidas de mercadería. Otro costo más de una obra que claramente no resistió la presión para la que fue diseñada.
El caso fue analizado en el marco de la acción de verano de Tiempo de Seguros. Fernando G. Tornatouno, especialista en seguros, señaló que el socavón “expone con claridad cómo una falla en una obra de contención puede derivar en un siniestro de múltiples efectos”, afectando no solo la infraestructura vial, sino también la actividad comercial y la vida cotidiana.
Desde una mirada técnica, Marcelo Deve remarcó que este tipo de episodios abre interrogantes complejos en materia de coberturas: interrupción de accesos, daños por arrastre de sedimentos y pérdidas comerciales sin daño estructural directo. “No todas las pólizas contemplan estos supuestos y muchas coberturas operan como adicionales. El análisis debe ser caso por caso”, explicó.
Pero más allá del debate asegurador, el episodio vuelve a instalar una pregunta incómoda y recurrente en Pinamar: ¿quién controla el estado de estas obras y con qué frecuencia? La posibilidad de responsabilidades del Estado local por falta de mantenimiento y supervisión ya forma parte del análisis, en un distrito donde los accidentes y colapsos vinculados a infraestructura se repiten año tras año sin que se adviertan soluciones de fondo.
El socavón quedó como un caso testigo de cómo una falla anunciada puede transformarse, en cuestión de horas, en un problema vial, comercial y social de gran escala. Y también como un recordatorio de que, en Pinamar, la temporada pasa, pero los problemas estructurales quedan.
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