Por momentos, pareciera que nos estamos acostumbrando a cosas que jamás deberían parecernos normales. Así murió Fernándo Baez Sosa…¿No sirvió como ejemplo?
22 de Junio de 2026
CHASCOMÚS – En los últimos días se viralizó un video que dejó a muchas personas conmocionadas. En las imágenes se observa una pelea entre adolescentes que, en cuestión de segundos, escala hacia una violencia difícil de justificar.
Un joven cae al suelo. Y cuando cualquiera imaginaría que la agresión termina allí, ocurre exactamente lo contrario.
Mientras el chico permanece indefenso, varios se abalanzan sobre él para seguir golpeándolo. Algunos patean. Otros observan. Otros sacan sus teléfonos celulares y filman la escena. Tal vez, esa sea la imagen más inquietante de todas.
El video fue dado a conocer públicamente por un padre profundamente conmovido y desesperado por la situación. Lejos de buscar exposición o polémica, lo hizo con una intención clara: generar conciencia.
Es el reflejo de una época donde muchas veces parece imponerse la lógica del «sálvese quien pueda». Donde el éxito individual vale más que la solidaridad. Donde importa más grabar que ayudar. Donde el espectáculo desplaza a la sensibilidad.
Y lo más alarmante es que corremos el riesgo de acostumbrarnos. Mirar esas imágenes, indignarnos unos minutos y seguir adelante como si nada hubiera pasado.
Sin embargo, las sociedades no se deterioran de golpe. Lo hacen lentamente. A través de pequeñas renuncias diarias. Cuando dejamos de corregir. Cuando dejamos de involucrarnos. Cuando dejamos de transmitir valores. Cuando dejamos de enseñar que la libertad también implica responsabilidad.
El chico que quedó tendido en el suelo, es la víctima visible, pero la verdadera herida es mucho más profunda. Y planteo una pregunta incómoda: ¿en qué momento comenzamos a perder la capacidad de involucrarnos frente al sufrimiento ajeno?
No estamos hablando solamente de educación escolar. Estamos hablando de educación social. De valores. De límites. De ejemplos.
Hace años, cuando un docente llamaba la atención a un alumno por una conducta incorrecta, lo habitual era que al llegar a su casa ese chico recibiera otra charla de sus padres. Tal vez un reto. Tal vez una sanción. Pero existía una idea compartida: el adulto educaba y la familia acompañaba.
Hoy, en demasiadas ocasiones, sucede exactamente lo contrario.
Cuando un docente corrige, sanciona o reprende una conducta inapropiada, no faltan casos en los que son los propios padres quienes terminan enfrentándose con la escuela, insultando, amenazando o incluso agrediendo verbalmente a quienes intentan ejercer autoridad.
¿Y qué aprende un chico cuando observa eso?Aprende que las reglas son negociables. Aprende que cualquier límite puede discutirse mediante la confrontación. Aprende que la responsabilidad siempre es del otro. Aprende que la autoridad merece ser desafiada, no respetada.
Y, sobre todo, aprende observando. Porque los hijos escuchan consejos, pero principalmente copian conductas.
Resulta difícil exigir respeto cuando el respeto no se practica. Es complicado pedir empatía cuando el ejemplo cotidiano es la indiferencia. Es imposible reclamar tolerancia cuando los adultos resuelven sus diferencias mediante el grito, el insulto o la agresión.
Los jóvenes no nacen violentos. Los jóvenes crecen dentro de una sociedad que les enseña, de manera explícita o implícita, qué está bien y qué está mal.
Por eso el video viral no debería ser visto solamente como una pelea entre adolescentes. Es mucho más que eso.
Es una radiografía social.
EL VIDEO DEL HECHO…
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