Hay errores que pueden pasar inadvertidos. Y hay otros que, cuando ocurren dentro del organismo encargado de legislar sobre el futuro de una ciudad, obligan —como mínimo— a hacerse algunas preguntas.
23 de agosto de 2026
CHASCOMÚS – Durante la última sesión del Concejo Deliberante de Chascomús ocurrió uno de esos episodios que, llamativamente, no tuvo hasta ahora la trascendencia que merece.
El presidente del cuerpo, Fredy Toledo, presentó un proyecto elaborado y firmado exclusivamente por él. El problema, según pudimos reconstruir, es que el instrumento fue redactado con forma de decreto, aunque correspondía una resolución.
Y lo más llamativo no termina ahí, ya que el texto fue aprobado con el voto del arco opositor, avalando de esta manera el error del presidente del cuerpo. (Dicen que su compañera de bloque no estaba de acuerdo con ese proyecyo) .El oficialismo no acompañó la iniciativa.
Es decir: el error estaba dentro del propio instrumento que llegó al recinto y, aun así, fue aprobado.
Una persona presente en el ámbito legislativo describió la situación de manera contundente:
“Toledo hizo una resolución con forma de decreto y la aprobaron igual, ahora anda pidiendo ayuda para solucionar el quilombo. Encima la firmó él solo, Gabriela Manzoni no”.
La misma fuente sostuvo además: “Ahora todos miran para otro lado, se lavaron las manos”.
Si el error debe ser corregido posteriormente mediante otro decreto que deje sin efecto la resolución aprobada, aparece una pregunta inevitable: ¿cómo llegó un proyecto con ese error hasta una sesión y cómo terminó siendo aprobado?
Porque acá no estamos hablando de un papel cualquiera, estamos hablando del Concejo Deliberante, el ámbito donde se discuten y sancionan las normas que forman parte del funcionamiento institucional de Chascomús.
Entonces aparecen preguntas incómodas, pero absolutamente necesarias.
¿Se verifica lo que se presenta?, ¿Quién controla la correcta confección de los instrumentos?, ¿Los concejales leen y analizan aquello que están votando?, ¿Alcanza con levantar la mano para aprobar un proyecto sin revisar previamente su contenido y su forma?, ¿Y qué responsabilidad tienen quienes acompañaron con su voto una iniciativa que posteriormente debe ser corregida?
Años atrás, también ocurrió que se presentó una ordenanza en el Concejo, que fue «copiada y pegada» de otra ciudad, con el insólito error de que mantenía el nombre de esa ciudad (Tandil) y que aún así, nadie lo había advertido…
También cabe preguntarse algo todavía más básico: ¿qué nivel de conocimiento de la Ley Orgánica Municipal y de las herramientas legislativas debe tener quien ocupa una banca en el Concejo Deliberante? y por último: ¿Se está ejerciendo la presidencia del cuerpo con la idoneidad que el cargo implica?
Nadie pretende que los concejales sean especialistas en absolutamente todo. Pero cuando se ocupa una banca, se asume una responsabilidad institucional enorme. Y esa responsabilidad exige, como mínimo, leer, estudiar, consultar y verificar antes de votar.
Lo preocupante no es solamente el error. Lo verdaderamente preocupante sería que después del error nadie quiera hacerse cargo.
Porque si para solucionar el problema hay que corregir lo aprobado, lo razonable sería explicar públicamente qué ocurrió, por qué ocurrió y quién tuvo la responsabilidad de permitir que sucediera.
El silencio tampoco ayuda, mucho menos si quienes tienen responsabilidades institucionales parecen optar por mirar hacia otro lado. Este episodio pone sobre la mesa una discusión mucho más profunda: ¿de qué manera se está legislando en Chascomús?
No se trata solamente de Toledo. Tampoco solamente de la oposición que acompañó. Se trata de una institución y de la responsabilidad que tienen todos aquellos que forman parte de ella.
Porque las bancas no son premios. Los cargos públicos no son decorativos. Y las normas que se votan en el Concejo Deliberante no son un trámite administrativo más, son decisiones que tienen consecuencias sobre una ciudad entera.
Por eso, más allá de las internas políticas, de los nombres propios y de quién quiera despegarse del problema, hay una pregunta que debería quedar flotando después de esta sesión: ¿Estamos prestando la suficiente atención a quiénes elegimos para tomar decisiones en nombre de todos los chascomunenses?
Y quizás haya otra todavía más incómoda:
¿Quién controla a quienes tienen la responsabilidad de controlar y legislar?
Porque equivocarse puede suceder. Lo que no debería suceder es equivocarse, aprobarlo y después intentar que nadie se entere.
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