Las mujeres, de 73 y 77 años, fueron engañadas por supuestos empleados de Personal Flow que las guiaron para acceder a sus cuentas bancarias.
02 de octubre de 2026
Dos jubiladas de La Plata fueron víctimas de una sofisticada maniobra de estafa virtual que, entre ambos casos, habría provocado pérdidas por más de $22 millones.
Las mujeres, de 73 y 77 años, intentaban solucionar inconvenientes relacionados con el servicio de Personal Flow cuando fueron contactadas por personas que se presentaron como supuestos representantes de la compañía.
El engaño tuvo un mecanismo similar en ambos episodios: llamados y mensajes, videollamadas, pedido de documentación y, principalmente, la indicación de compartir la pantalla del teléfono mientras ingresaban a sus cuentas bancarias.
La mujer de 73 años transfirió más de $20 millones
Uno de los casos tuvo como víctima a una jubilada de 73 años que buscaba resolver un problema con su decodificador.
Ante la imposibilidad de comunicarse por los canales habituales, habría terminado contactándose por WhatsApp con un número que utilizaba el logo de la empresa. Del otro lado, un hombre se presentó como representante de Personal Flow y le aseguró que podía solucionar el inconveniente.
Para avanzar, le indicó que aceptara una videollamada, compartiera la pantalla de su celular y enviara fotografías de su DNI y datos biométricos.
Posteriormente, la mujer ingresó a su cuenta del Banco Provincia mientras el supuesto operador observaba sus movimientos. Con el argumento de que debía “proteger” sus ahorros, la convenció de realizar transferencias.
Primero hizo dos operaciones de $5 millones cada una hacia una cuenta propia de Mercado Pago. Pero la maniobra continuó.
Siguiendo las nuevas instrucciones, realizó después cuatro transferencias por un total de $10.482.999 a cuentas de terceros.
En medio de la secuencia, la mujer comenzó a sospechar que podía estar siendo víctima de una estafa y llegó a transferir $3 millones a la cuenta de su hija como medida preventiva. Sin embargo, para ese momento ya se habían concretado las operaciones indicadas por los presuntos estafadores.
Finalmente, comprendió que había sido engañada, realizó un reclamo ante el banco y acudió a la DDI La Plata para denunciar lo ocurrido.
La segunda víctima también fue contactada después de buscar ayuda
El otro episodio tuvo como damnificada a una mujer de 77 años.
En este caso, la jubilada contó que el martes 29 de septiembre buscó en Google un número telefónico para comunicarse con Personal Flow. Después de realizar el contacto, comenzó a recibir llamados de personas que aseguraban trabajar para la empresa.
El procedimiento habría sido similar: videollamada, pantalla compartida y asistencia paso a paso para ingresar a su cuenta bancaria.
De esa manera, la mujer terminó realizando dos transferencias: una por $999.999 y otra por $700.000, destinadas a cuentas pertenecientes a dos personas diferentes.
Pero los presuntos estafadores fueron todavía más lejos: también habrían intentado gestionar un préstamo de $4.700.000, que debía ser abonado en 48 cuotas.
La víctima advirtió que algo no estaba bien y decidió bloquear su cuenta bancaria para evitar que la maniobra continuara. Posteriormente se presentó ante la DDI para realizar la denuncia.
El mecanismo se repite
Las dos investigaciones quedaron bajo análisis de los investigadores de la DDI La Plata, que deberán intentar determinar quiénes utilizaban los números telefónicos empleados durante las comunicaciones y quiénes aparecen como destinatarios de los fondos.
El patrón utilizado en ambos casos vuelve a encender una alarma: los delincuentes no necesariamente necesitan obtener directamente una clave bancaria. Al conseguir que la propia víctima comparta la pantalla y opere mientras permanece en una videollamada, pueden observar datos sensibles y dirigirla para que realice las operaciones.
La maniobra tampoco requiere necesariamente una llamada desde la empresa verdadera. En estos casos, el contacto se habría producido a partir de búsquedas de información realizadas por las propias víctimas, una circunstancia que puede facilitar la aparición de números falsos o contactos que aparentan pertenecer a compañías reconocidas.
Una advertencia que vuelve a cobrar importancia
Los casos dejan una advertencia especialmente importante para los adultos mayores: ningún supuesto operador necesita observar la pantalla del teléfono para solucionar un problema de facturación o de servicio.
Ante un contacto inesperado, los especialistas y organismos de seguridad recomiendan no compartir contraseñas, códigos, fotografías de documentación ni datos biométricos, y mucho menos permitir que un desconocido controle u observe la pantalla del dispositivo.
También resulta fundamental cortar la comunicación y buscar el contacto oficial de la empresa por canales verificados, en lugar de continuar la conversación a través del número que acaba de comunicarse.
En La Plata, dos consultas aparentemente habituales por un problema con un servicio terminaron convertidas en una maniobra que les habría costado a dos jubiladas más de 22 millones de pesos.
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